sábado, 20 de septiembre de 2008

TRES LIBROS

















El sábado 20 se presentaron tres libros en el aula máxima del colegio oficial, sede antigua Escuela General Santander, y en la sede de la Biblioteca Fundación Misael Toro Londoño : "Psymorfosis" de Diana Patricia Toro, "Un pueblo que cabalgó sobre la muerte" de Juan Pablo Correa Morales y "La tiza que ríe" de Flóbert Zapata. A continuación el registro de algunas intervenciones y momentos. (Fotos: Flóbert Zapata)
PSYMORFOSIS
Por Flóbert Zapata

Publicar un libro es un acto heroico, más si lo firma una mujer, en una cultura donde pocas mujeres escriben, ventana negativa de Natalia París como ideal, sólo un pequeño porcentaje de ellas se decide a publicar poemas sueltos y una fracción multiplicada por esta fracción rompe con el tabú de meterse entre carátulas. Las causas y las consecuencias de esta pobreza disfrazada de riqueza y de esta riqueza pobre merecen estudio aparte pero por ahora dejemos claro que las mujeres son víctimas y, en la mayoría de los casos, no victimarias de sí mismas.
Pobreza disfrazada de riqueza y riqueza pobre, sí, porque sólo leer libera, como reza la publicidad de Señal Colombia, en voz de otro para soltarlo espontáneo sin tener que suavizarlo. El resto es el paisaje sangriento y vil que nos devora. Que nos ha devorado siempre. En El barrio Comuneros de Manizales hay una casa que tiene enrejado el techo, de tanto que la han saqueado, no las marquesinas, como se usa, el techo integro, mortales. Al entrar a la casa de la cultura del Barrio Galán observaremos en vez de cielo raso, después del eternit, una total malla metálica protectora. Estas dos imágenes conforman una metáfora mejor que cualquier otro recurso para explicar nuestra degradación. Dinero y dolor evitable: ¿No son una contradicción rampante a la que debiéramos dejar que nos destroce?
Estas notas que comenzaron hablando de un tabú, toman un ex cursus ahora hacia la egosfera.
Otro acto heroico es el de hablar de un libro, más si se trata de un autor nuevo.
“Heroico”, ya era hora de definir este término de acuerdo al sentido de lo que quiero decir. “Heroico”, es decir humano. El mayor heroísmo ahora es simple y llanamente ser humano. Nada de ilusiones suprahumanas, ni siquiera sobrehumanas, simplemente humano. Resplandecientemente humano. Menos aquello de hacerle el juego a la estrategia de crear desamparados para que pueda nacer el héroe. ¿No sería mejor una sociedad donde no hubiera desamparados para que no tuvieran que existir héroes? Desde esta almena ¿no son los tales héroes los realmente desamparados?
Nos hemos vendido tanto, nos hemos alquilado tanto, nos hemos traicionado tanto, que ya escasamente nos reconocemos como humanos. Humanos: Sensibles ante la alegría sana y ante el dolor de la gente que sufre. Sensibles ante el que le han quitado el trozo de felicidad que le corresponde tan sólo por haber puesto sus pies en el universo. Sensibles ante el sueño del que ha comenzado su trasegar por la república de las letras, que es de un tamaño mayor que el mundo. Sensibles ante quien por primera vez ve su nombre en ese objeto maravilloso que nunca dejará de ser la carátula de un libro. Sensibles ante los que padecen la guerra. Sensibles: Alejados de la muerte en cualquiera de sus formas y disfraces, sean estos grotescos o sutiles, lleven o no los nombres falsos de la vida o los nombres verdaderos de la vida falsa.
Vivimos en la cultura del recelo y la envidia. A cuatrojos para los defectos y las equivocaciones y ciegos para los actos virtuosos. En los peores momentos apludiendo y encumbrando la ferocidad y el engaño y denostando de la dignidad y la justicia auténticas. Donde todos quieren recibir pero no dar. En el que no sólo quitamos legal y/o ilegalmente sino que impedimos que la solidaridad crezca y la arrancamos como yerba mala. Ese es justamente el mundo que debemos haber combatido y el que vemos crecer a nuestro lado impotentes y confusos. Impotencia nacida del terror recuperado y confusión germinada de semilla.
Bien, quiero decirlo de una vez. Escribir es muy importante. Más que importante necesario. Más que necesario indispensable. Más allá de los resultados. Por muchas razones. Generalizo: Si todos escribiéramos la esperanza dejaría de ser la verdadera mentira de falso azul que los señores feudales de todas las épocas, aunque utilicen ropajes distintos, han querido que sea. Sin pretender cambiar el mundo, sólo por existir, un libro cambia el mundo.
En este preciso momento entiendo lo que presentía Misael al presentar “Profecías del pasado” aquí hace 21 años, en 1987, cuando sembraba sin saberlo un Encuentro y una hija escritora: que el libro se basta a sí mismo. Que el libro es suficiente. Que el libro, sin que sepamos de qué se trata, ya es grito, aullido, oración, invocación, plegaria, canto, lágrima, lloro, sollozo, silencio, es decir todo lo que vale la pena si lo atendiéramos. Era como si todos los que se alegraban por mi barbilampiña devoción a la literatura dijeran que esa devoción bastaba y que si algún día producía algo de valor mayor que el entusiasmo me sería entregado el premio de estar solo. Pero no voy a hablar de esta maravillosa y torturante soledad, la del escritor, ahora.
Hoy trasmito a ustedes la lección que Misael me enseñara después de recibirla de antecesores resplandecidos, de intuiciones genéticas. Creo que es este, finalmente, el valor más importante cuando al presentar el libro de su hija entrego a todos ustedes, cuando trato de entregar, la emoción pura en vez del silencio piadoso y tramoyista o la reseña convencional e impertinente.
Ya había declarado hermanos a quienes escriben en el prólogo al libro de Filadelfia en fotos que publicó hace unos años Alfredo Ramírez. “Amor de hermanos” traduce la etimología de la palabra Filadelfia. Que adquiere su pleno sentido cuando la deseamos universal. Más conviene recordar que a veces el odio más agitador es justamente el que se da entre hermanos.
Por ello he venido hoy, rompiendo con el año sabático de silencio que fue para mí, en el plano personal, este 2008.
Para celebrar que Diana Patricia escriba y para celebrar su primer libro.
Lo que he resaltado, sería suficiente. Pero de lesa impunidad al caer en las indecorosas imposturas que revelo. Como presentar un libro para repetir lo que trae el prólogo, de traerlo, mucho más grave si es ajeno, o hablar de todo lo divino y humano, como suele decirse, menos del libro, tal evasión.
*
“Tango de pasos” es una evocación de la infancia, dado que pertenece al primer capítulo del libro, “Decadencia del pasado”, en el que se da cuenta de “Imágenes de la memoria que recrean los primeros paisajes de la infancia y la juventud”. El musical tac-tac-tac de los tacones de una mujer se queda para siempre en la memoria del(a) hablante con una impronta “idílica” y “casi celestial”. Digo “del hablante” porque no necesariamente el poeta habla de sí cuando utiliza la primera persona y he querido detenerme en esta página sin preguntarle a la autora su precisa biografía, su génesis, aunque hubiera podido hacerlo y dar nuevo rumbo a estos comentarios o, como mínimo, un nuevo sesgo a algún aspecto de él. Posiblemente en las páginas de Psymorfosis, Diana Patricia ha utilizado máscaras al hablar por otros, por más que sea claro que al hablar de los otros hablamos de nosotros mismos, o las utilizará en el futuro. Que cada segundo somos otros lo dice la observación microscópica de la cantidad de piel que mudamos, correlato de la piel sicológica. Late una novedosa asociación entre el taconeo y el tango, sonidos ambos mas distantes, tan personal, tan íntima, que termina por sentir culpa de irse del lado de Sócrates y no de Eurípides, es decir por dirigirse al camino racional y didáctico en vez de al trágico, en el sentido nietzscheano: “y he olvidado que los pasos son sólo pasos/ y los tangos sólo tangos”. Un tiempo remoto, el de la infanta que escuchaba los tacones contra el pavimento, se une a un tiempo remoto posterior, de preadolescente quizá, que por primera vez observa a una pareja perderse con la danza en el sonido del tango, para encontrarse en el exacto lugar del presentimiento como una casa que se encuentra, al fin, en la punta de un arco iris.
Ello es justamente la poesía, el relato personal de sensaciones, la aprensión del entorno y las experiencias desde la inevitable subjetividad, por más que la queramos nivelar con raciocinios y sentido común (“No puedo mancillar su intacta pureza/ con palabras llenas de lógica, matemática/ y exacta ciencia” P. 201). El registro de los mundos aparte, lo que no se dice por el peso de la moral o el sentido común imperantes. La incursión en orbes subgenéricos y secundarios para los otros. La exploración sin límites de lo que pensamos y lo que sentimos. Los descensos al infierno y la locura provistos siempre de un hilo de Ariadna de buena calidad.
De un libro hay mucho qué decir, hemos pernoctado varios minutos en un sólo poema y hubiera podido extenderme. Ya antes habían recibido otros poemas de este libro calificados espaldarazos al ser publicados en blogs y revistas en papel, ambos especializados.
*
Ha entrado Diana Patricia a la república de las letras. Al cruzar su puerta nos encontramos, fascinados y presas del terror, con laberintos de castillos y ciudades. Un día nos hallamos sin saberlo en la penumbrosa selva pura de intocada virginidad, en la que moriremos y nos veremos renacer cuantas veces sea necesario. Otro día regresamos y nadie nos reconoce, en esta ocasión por nobleza, bondad o simple ausencia de perversión, como si en vez de cuerpos fuéramos sombras y aceptáramos que no otra cosa hemos sido, y no reconocemos a nadie, portadores del no ser (“Me enredo en una mota de polvo/ a través de mi no ser/ y viajo por un rayo de luz/ hasta la raíz polvorienta del sol” P. 205), venablos de la nada (“Eso era él, nada./ Ella jamás logró entenderle nada,/ él jamás sintió nada,/ entre ellos jamás existió nada./ Y él,/ siempre la dejó con un vacío en el estómago,/ como la nada” P. 33), encomiablemente inocentes, ciudadanos del más hondo arte, perdidos y fascinados, fascinados y perdidos, acaso el amor sin pasiones que no entendemos y añoramos.
*
En toda una vida el poeta encuentra una joya o dos, que conservará el pueblo. Tanto desvelo para tan poco aunque indispensable, inservible si fuera mucho. Y sin embargo basta. Porque a la especie humana más que las metas la engrandecen los caminos.
19/09/08
INTERVENCIÓN DE JUAN PABLO CORREA
Hace veintiocho años estábamos cinco muchachos hablando en la esquina de El Dorado, entre tantos temas que tratamos estaba el hecho de que Filadelfia para ese momento no contaba con un texto de historia, así que nos auto-impusimos la tarea de escribir un libro sobre nuestro pueblo. Luego de buscar datos en un lugar y otro cada uno de nosotros le entregamos al relator la información recopilada, la misma que él, debía transcribir para posteriormente corregirla en grupo para su posible publicación. Todavía estoy esperando ese escrito, lo mismo que las fotografías que aporté, afortunadamente dejé unas hojas manuscritas, con las cuales pude posteriormente reconstruir mí parte y empezar este trabajo de investigación.
Durante estos años he recorrido el país buscando datos de nuestro pueblo, he permanecido cantidad de horas sentado en bibliotecas y archivos tratando de encontrar algún dato de interés, empleando muchas veces días enteros para sacar unos cuantos renglones, sacrificando muchas de mis vacaciones y el tiempo de mi familia. Cuando estuve ejerciendo mí profesión aquí en Filadelfia, todos los días sacaba un poco de mi tiempo, me sentaba en el archivo municipal a revisar las carpetas hasta que terminé de leerme todas las que para ese momento había.
En la gran mayoría de estas dependencias que visité encontré funcionarios diligentes y amables que me permitieron obtener la información con la que le di cuerpo a esta obra, siempre guardo un sentimiento de gratitud hacía ellos pero en especial por las señoras Nancy Martínez e Irene Velásquez Correa y por el doctor Carlos Echeverri Correa notario de Filadelfia, quienes en forma incondicional estuvieron dispuestos a ayudarme.
Éste libro que presentó hoy es una recopilación de la historia del Municipio desde la colonización antioqueña hasta el año de 1930,
Inicia haciendo una descripción del proceso de colonización del sur de Antioquia centrándose en el proceso filadelfeño. Luego trata los temas de la fundación, los fundadores, los procesos y las dificultades que debieron enfrentar los colonos para darle vida al ente municipal. Hace énfasis en los conflictos armados del siglo XIX, y en especial en la guerra de los Mil Días y como afectaron estos el normal desarrollo aldeano.
Describe la participación de las autoridades civiles, eclesiásticas, los comerciantes e industriales en el crecimiento del pueblo y hace un breve recorrido por las costumbres, la vida cotidiana seguido de tres grandes sucesos del pueblo.
Consta de tres anexos, los dos primeros escritos por los profesores José María Ramírez y Rafael María Gallego, y el último contiene la hoja de campaña del coronel Manuel María Cadavid, en donde él cuenta su participación en la Guerra de los Mil Días.
Muchas personas me aportaron datos de interés como, doña María Carmona, don Félix Ramírez D, don José Jiménez, don Marco Ríos, don Jesús Osorio, don Juan de Jesús González, don José Miguel Mejía, don Antonio Suárez, don Víctor Barco, don Jesús Marulanda, don David Carmona y muchos más.
Este libro fue enriquecido con la Monografía de Filadelfia escrita por el doctor Alfonso Ríos García, su trabajo llegó a mis manos porque el señor Marco Giraldo, con la anuencia de las sobrinas del doctor Ríos, doña Beatriz y doña Piedad me lo hizo llegar, a ellos también agradecimiento especial.
Doña Alicia Zuluaga de Ríos me autorizó publicar el diario de campaña del Coronel Manuel María Cadavid en donde narra las vicisitudes vividas por él en la guerra de los Mil Días, a ella reconocimiento por su colaboración.
Muchas personas me han retro alimentado con sus comentarios, a don Leonel Moncada García, a Don Aradio Villegas, a Flover Zapata y a don Aníbal Gutiérrez quiero decirles que estoy inmensamente agradecido con ellos por tomarse la molestia de leer el borrador de este libro y hacerme sugerencias sobre los cambios y correcciones que debía realizarle. Flover se tomó como propia la publicación de este texto y don Aníbal me aconsejó esperar hasta madurar más esta obra, además me facilitó muchos de los libros de su biblioteca que requería para complementarlo.
Quiero aquí hacer un reconocimiento a mis profesores de historia la señorita Miryam Ocampo Franco y Don Henry Zuluaga Marín quienes despertaron en mi la pasión por esta área del conocimiento.
A mis profesores de español y literatura, Doña Blanca Nubiola López y Don Gersaín González porque me apoyaron y me convencieron de que era capaz de escribir.
A Luis Eucaris Gutiérrez, al doctor Herman Zuluaga y a Duván Giraldo por convertir este libro en su lucha personal.
Realmente soy feliz escribiendo, así que es poco lo que me interesa publicar estos trabajos, de pronto será porque llegó un momento en donde me cansé de escuchar que los mandatarios locales y las personas de influencia en el municipio me dijeran que querían sacar el tiraje de uno de mis libros y nunca cristalizaron sus propuestas.
Este trabajo de investigación se publica gracias a la colaboración brindada por el ex-alcalde Román Aristizábal Vasco, quien se empeñó en sacar adelante esta empresa, sin su ayuda seguiría guardando en un anaquel esperando una oportunidad como esta. A él, reconocimiento por su aporte a la cultura del pueblo y su memoria.
A la Gobernación de Caldas por aportar el dinero para el tiraje y a Rubén Darío Galeano y todo el personal de Editorial Manigraf por todo el empeño y amor que le pusieron a la elaboración de este texto.
A mi esposa Norma Clemencia Alzate Agudelo quien no permitió que quemara las carpetas en donde tenía recopilada la información que había recabado, cuando el día que nos fuimos de Filadelfia no dejó que les prendiera fuego en el patio de nuestra casa, decepcionado como me fui, luego de dar muchas luchas por la salud de mi pueblo, por su cultura y por el bienestar de su gente y como pago terminé amenazado de muerte en mí calidad de concejal motivo suficiente para alejarme definitivamente de la política y dedicarme a otros menesteres.
A mis hijas Sandra Lucia y Laura María gracias por su colaboración, comprensión y ayuda.
Este libro se lo dedico a mí papá Hildebrando Correa Marín y a mí mamá Amaya Morales Duque, quienes me enseñaron a recorrer la vida sin temor gracias a su ejemplo. A mí madre un agradecimiento especial por su lucha en solitario por sacarnos adelante tanto a mis hermanas como a mí y hacernos personas de bien, luego de la muerte de mí padre.
Ya para terminar quiero contarles que además de este libro he escrito otros cuatro sobre nuestro municipio que están inéditos y así creo que se van a quedar, el primero trata sobre los indígenas, que tribus poblaron estas tierras, sus limites, costumbres y la forma como fueron exterminados por los conquistadores el primero de ellos el mariscal Jorge Robledo, que en un genocidio sin precedentes provocaron la muerte de más de cien mil personas solamente en el norte de Caldas, en un lapso de cien años hasta desaparecerlos de la faz de la tierra
En el tercer libro está la historia de Filadelfia desde 1930 hasta 2005, otro tomo está dedicado a los orígenes de las veredas y corregimientos, el último es una recopilación de más de doscientas biografías de filadelfeños ilustres.
Este es parte mi legado, quiero mucho a mí pueblo Filadelfia, como les dije anteriormente soy feliz leyendo y escribiendo, espero seguir haciendo esto por el resto de mí vida, gracias a todos ustedes por acompañarme en este lanzamiento. Gracias infinitas a todos.

Filadelfia septiembre 19 de 2008.

jueves, 31 de julio de 2008

martes, 15 de julio de 2008

XIII Encuentro de Escritores Caldenses- Filadelfia [Manizales]



INVITACIÓN

XIII Encuentro de Escritores Caldenses- Filadelfia
Hacia la grandeza del alma
[Manizales]

Día: 26 de julio de 2008
Lugar: Centro Cultural y de Convenciones Teatro los Fundadores, Salón Cumanday No 3
Hora: 3:15 p.m.

Participantes
Mariela Mahecha Buriticá, Felipe Agudelo Hernández, Pilar Martínez, María Resfa Loaiza, Duván Marín, Flóbert Zapata Arias, Leandro Loaiza Largo, Mario Osorio , Oliverio Muñoz Ocampo, Julián Chica Cardona, María Helena Giraldo, Diana Patricia Toro Ángel, José Duván Castaño Cano, Ibán Alarcón Marín, Sandra Marcela Gómez, Juan Carlos Acevedo, Wadis Echeverry Correa, Gloria Valencia, María Esther Correa Morales, Juan Pablo Correa Morales, Anibal Gutierrez, Luis Eduardo Alzate.

[Lanzamiento

Un pueblo que cabalgó sobre la muerte
Juan Pablo Correa Morales

La tiza que ríe
Flóbert Zapata]

Invitan Corporación Encuentro de Escritores Filadelfia, Organización Cultural Monseñor Toro Londoño y Editorial Manigraf

miércoles, 21 de mayo de 2008

MISAEL TORO, BENEFACTOR DE LAS LETRAS


Misael Toro Arias fundó el ENCUENTRO DE ESCRITORES FILADELFIA y es su director natural. Su rostro, su voz, su pensamiento, su actividad, están asociados a él como la plaza de un pueblo a su historia. Nadie ha sentido tanto, honda admiración por la palabra y sus cultores, la necesidad de crear un espacio para ella y para ellos en Filadelfia, lo que equivale a decir para los filadelfeños, en un humano y humanista beneficio de doble vía.

El ENCUENTRO hace parte de su vida como su vida hace parte del ENCUENTRO. La relación entre hombre y evento es de simbiosis en su mejor versión: el mutualismo. Y de mutualismo en su traslación más justa: la asociación necesaria para ambos y no dañina para ninguno de los dos, porque sembrar, afianzar, vigorizar, abonar, platear, purificar, refinar, es lo único que les da sentido. A Misael le es necesaria la cultura por vocación y lo que recibe a cambio es la mera, y esto lo excede, satisfacción romántica en el sentido alemán del arte como sueño y del sueño de un mundo centrado en el arte.

Durante años dejó a un lado familia, ocupaciones, comodidad, para sacar adelante solitario varias de sus ediciones, en parte con patrimonio personal. Y absolutamente ninguna de la totalidad no le debe nada. La tristeza más franca y espontánea la portó su mirada cada vez que el evento no se pudo realizar.

Ahora, de repente, hemos recibido la noticia de que el Encuentro ha sido organizado sin que él se diera cuenta, volumen alto en la voz y bajo en los argumentos, justo cuando mayor disponibilidad tenía de acompañarlo y su cariño era más grande. El símil inevitable es el del buen padre que de pronto se encuentra con que no puede entrar a su propia casa porque le han cambiado la clave a la cerradura. Casi no lo podíamos creer. ¿Dormíamos y se trataba de una pesadilla onírica? No, estábamos despiertos y padecíamos una pesadilla de la realidad.

Lo único que podemos decirle a Misael es que no vaya a tropezar en esa repentina depresión del camino, ya que ninguna autoestima dejaría de lastimarse ante inadvertencia semejante. Que sepa que su nobleza es reconocida por todos y su probidad resistente a toda prueba. Que sin su irradiación y sus arrestos todo será en adelante incompleto e impropio.

Será luego que pueda Misael ejercer como Presidente Honorario de la CORPORACIÓN ENCUENTRO DE ESCRITORES FILADELFIA, entregar su valioso aporte al ENCUENTRO y recibir el homenaje con placa que la junta directiva le tenía en secreto programado.

Flóbert Zapata Arias
06/04/08

martes, 13 de mayo de 2008

DECLARACIÓN DE COMPLICIDAD CON FILADELFIA




Vine a conocer Filadelfia el pasado mes de abril con ocasión del X ENCUENTRTO DE ESCRITORES CALDENSES. Anfitrión de mi visita fue el Dr. Ricardo Moncaleano, hijo adoptivo del municipio, y cómplices más que generosos fueron los organizadores, participantes, testigos y, en fin, la comunidad entera de amables filadelfeños. A todos ellos ofrezco, más que un agradecimiento, mi decidida expresión de complicidad con lo que hacen y estas reflexiones sobre algunos sentidos y valores que no deben desvanecerse o que sería importante consolidar:

RECONOCIMIENTO: Los ENCUENTROS son la mejor manera de “vernos”, de confirmar o validar la presencia propia y la de “otros”, aquellos que llamamos los “demás”. Por eso los ENCUENTROS siempre comienzan y jamás se acaban; pues vernos una vez es seguir conociéndonos, sobre todo y muy especialmente, en el recuerdo que es el verdadero conocimiento.

DIFERENCIA: Los ENCUENTROS, por ello mismo, propician la conciencia de sí (Otra de las definiciones de “Cultura” según Gramsci) y excitan la construcción permanente de la identidad. Nadie se reconoce en solitario. Se precisa el reconocimiento y la mirada ajenos para sentir —y recobrar― esa angustia fundamental de “sabernos” nosotros mismos y no otros, de admitirnos distintos y únicos. La conciencia de la diferencia es el primer factor de identidad.

DISENTIMIENTO: Los ENCUENTROS consolidan el derecho a ser, a pensar y a vivir distinto. En el intercambio, en el diálogo con otros seres y otros modos de existir, se sitúa claramente nuestro pensamiento y se permite la expresión y la expansión no sólo de ideas afines sino de conceptos contrarios y, aún, divergentes. Encontrarse es, también, sinónimo de oposición, otra forma civilizada de disentimiento.

PLURALIDAD: Los ENCUENTROS, en este orden de ideas, son la manifestación concreta de lo “plural” y, claro, de esa difícil virtud que denominamos tolerancia. Los ENCUENTROS no tienen como propósito lo homogéneo, ni lo unánime; se regodean en la variedad y en esa gama colorida de las opiniones múltiples.

CONEXIDAD: Los ENCUENTROS, entonces, son una revoltura inevitable y necesaria. Trastornan todas las jerarquías y dignidades: rebasan las diferencias de todo tipo y subvierten los órdenes tradicionales.

PÚBLICO Y COLECTIVO: Los ENCUENTROS, como se ve, tienden forzosamente a lo colectivo y a lo público. Instauran esos ámbitos o los estimulan y reclaman la creación de nuevos espacios y derroteros. Lo público, en la acepción de lo común y no de lo institucional, es el lado colectivo de la pertenencia. No sólo nos sensibiliza hacia los propósitos comunes sino que nos enlaza como pueblo.
CULTURAS: Bajo este enfoque, los ENCUENTROS son el soporte natural de nuestras “culturas”. Las expresiones, manifestaciones y principios, los símbolos, códigos e imaginarios, los creadores y sus creaciones, los eventos y los medios, las identidades y diferencias, concurren y se confrontan con esta única excusa.

COMUNIDAD: Los ENCUENTROS, pues, como ámbitos culturales, colectivos y públicos, son esencialmente comunitarios y allí debe residir su fuerza. Los sentimientos de lealtad y de pertenencia se fraguan a través de las experiencias que se ejercen y viven en comunidad.

MEMORIA: Los ENCUENTROS fortalecen tanto la memoria como el olvido. “Memoria” que es siempre vital en la incorporación del pasado remoto y del cercano, que transforma el presente con referentes precisos y que ajusta el porvenir y lo modela con el poder del deseo. Memoria que nos hace dueños de la historia actual y artífices de la venidera. Y, por supuesto, “olvido” de todo aquello que nos inmoviliza, traiciona y vulnera como sociedad.
ESPERANZA: Los ENCUENTROS abren caminos de esperanza. Esperanza de avanzar, crecer y madurar; certidumbre de que el diálogo es la terapia concreta para la violencia y confianza en que un país mejor es posible y que no hay que esperar mucho para tenerlo.

CONVERSACIÓN: Los ENCUENTROS, finalmente, son la excusa perfecta para conversar. Extensión colectiva de este hecho familiar y fraterno, los ENCUENTROS demandan una conversación lenta y trivial, íntima y despreocupada. Por lo demás, atreverse a conversar es otra forma de atreverse a pensar y a opinar, a disfrutar de interlocutores en un país que los niega o que los oculta. Por fortuna, en Filadelfia, se conversa antes, en medio y después de cada uno de los ENCUENTROS. Se conversa sana, vigorosa y exageradamente. Como debe conversarse y como debe vivirse en este privilegiado oasis del occidente.


RECOMENDACIONES


*El evento debe protegerse y mantenerse, conservando los motivos, fecha y periodicidad que lo caracterizan.
*Los invitados, propios y forasteros, han de tratarse con similar consideración. Es imperativo vincular más efectivamente a las Colonias y a los personajes nativos que no viven en el municipio.
*El evento debe mantener un diálogo abierto y constante entre los diversos grupos y tendencias culturales presentes en Filadelfia. De ser posible, ha de permitirles alguna injerencia o proponerles conciliar temáticas y procedimientos. El evento ha de ser ejemplo de consenso para toda la comunidad.
*Independientemente de la excusa histórica o literaria, el evento debe abrirse a otras expresiones, manifestaciones, disciplinas e intereses, tanto culturales como artísticos, que contribuyan a su crecimiento y afianzamiento.
*Es necesario que se diseñen y programen, a lo largo del año, actividades complementarias y conexas como investigaciones, concursos, cátedras, tertulias, talleres, festivales, clubes, ferias, etc.
*Es urgente reclamar del Estado y de las instituciones locales y nacionales un respaldo serio y concreto a este esfuerzo, al punto que le permita sostenerse con dignidad. Sin olvidar que estos eventos son rentables en términos sociales y eso justifica todas las inversiones.
*Debe propiciarse, entonces, la alternancia entre lo tradicional y lo moderno, lo folclórico y lo popular, lo comarcano y lo cosmopolita, lo académico y lo vivencial, etc.
*Es imprescindible no sólo la convocatoria sino, especialmente, la participación de la mayor cantidad posible de grupos locales, de gremios y oficios, de gentes y ámbitos.
*Los espacios públicos han de usarse para promover nuevas experiencias comunales y para sustentar y mejorar las existentes.
*Sin duda, el evento ha de estimular la conservación material de sus resultados, mediante archivos especializados, publicaciones y mecanismos de extensión.
*El evento debe propagarse y extenderse, crear vínculos sociales e institucionales, darse a conocer y favorecer su emulación por parte de otras comunidades.
*Los espacios de conversación —casas, cafés, plazas, patios, etc.―, así como las horas para hacerlo, dan una idea significativa, de todo lo que podría hacerse y lograrse.


JAIRO HERNÁN URIBE MÁRQUEZ/Junio de 2004

PASOS DE PUEBLO EN LA GRAN CIUDAD

Estoy en la gran capital donde los hombres están más acostumbrados a los charcos en las calles que al canto de los pájaros. La ciudad de millones de habitantes que pocas veces saludan a sus vecinos y que viven tan solos como sólo ellos mismos pueden vivir.
Aquí mi querido pueblo Filadelfia- Caldas, si acaso suena a recuerdo como un Macondo olvidado… como un lugar de ensueño, de fantasía surrealista. La ajena mirada de la gran ciudad desconoce la humilde condición de tantos hombres y mujeres que como los de mi pueblo, cada día trabajan para darle de comer a todo el país.
A mí, entre tanto pito de carro y tanta indiferencia en las miradas, me suena a paraíso mi pueblo. Sus calles pequeñitas como las de la canción, sus tranquilos pasos y esas ganas de todos los que nos hemos ido, de volver tan siquiera para morir entre sus verdes montañas.
¿Acaso mi pequeño pueblo me ha tallado tanto el alma que solo me provoca pintarlo de mil formas para vivir nuevamente en sus tiernas casitas? ¿Acaso ni siquiera la más grande de las riquezas puede compararse con la belleza de un amanecer entre tantos cafetales y tanto olor a panela?
Hoy me siento orgullosa de haber nacido en mi pueblo, de ser humilde de origen y rica de recuerdos… de tantos días felices corriendo con mis primos entre sus callecitas lejanas para acunar la infancia. De aquellas noches en que la oscuridad se tragaba los ruidos y sólo dejaba libre el dulce rumor de los grillitos.
Me siento feliz, porque sé que ahora cuando mi pueblo vuelve a creer en las voces de sus hombres y mujeres que con gran paciencia han escrito tantos pasajes imaginados o vividos de sus propias historias en poemas, cuentos y novelas, los niños podrán escoger entre una pluma y un libro en vez de un arma o un cuchillo, para ir por el mundo luchando con las letras, como solo los grandes hombres lo hacen.
Todo esto lo siento y lo creo porque sé que algún día, no muy lejano, mi pueblo será tan famoso como el inexistente Macondo, tras las palabras escritas por alguno de esos hombres y mujeres que como yo viven y sueñan en el poder de las letras.

Diana Patricia Toro Ángel